Gestión de Diseño Global
Bogotá 2100
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La arquitectura: ¿Víctima de la globalización? La arquitectura es un hecho que toca factores cruciales en la composición de una sociedad. Tanto las ciencias duras como las humanas, y a su vez las artes, generan un sistema complejo, que tiene su razón de ser en la cultura de un territorio particular, personificado en las necesidades del mismo. Por consiguiente entendemos como la arquitectura ha sido, desde su origen, un indicador fundamental para entender los procesos de globalización a los que hoy ha llegado el mundo. Este indicador radica en las culturas ancestrales. Allí las necesidades de culto, de servicios, de ocio, de vivienda entre muchas otras, fueron satisfechas de una manera integral. Esta integración, desde mi punto de vista, es entendida como el arraigo de una sociedad que genera una arquitectura llena de valores que no solo son estéticos, sino sociales y sobretodo humanos. Hoy simplemente se quedan con un título patrimonial, sin ser un ejemplo a seguir para la mentalidad aletargada del hombre de hoy. Aparentemente el hombre se ha ido “museificando” al poner todos sus rastros en un desván, que finalmente solo es visitado por turistas. Correspondiendo a lo anterior, me nace resaltar un ejemplo que desde la arquitectura ha logrado representar la cultura de un territorio, pero que actualmente es simplemente la fachada de una realidad con muchísimas dificultades. Me refiero al centro histórico de la ciudad de Cartagena de Indias. Un lugar con una historia enriquecedora, un emplazamiento único, pero con un presente deprimente. Esa cultura que se había forjado con la colonia, las batallas, las murallas y la independencia, hoy le pertenece a unos cuantos afortunados que poseen varios millones en sus cuentas. En pocas palabras, esa Cartagena por la que lucharon: Drake, Vernon y Morillo con tropas de soldados armados, hoy es cedida, y sin mucha resistencia, a empresarios que solo buscan satisfacer un capricho de verano. ¿Hasta donde han llegado entonces, los límites de esas barreras (y no solo es el caso de las murallas) que la globalización ha derribado? Sin duda alguna, Cartagena sigue siendo la misma con una cultura fortalecida. Pero ¿Qué pasa con el resto de los cartageneros? Ese centro que es tan suyo como ahora de “ellos” no les pertenece precisamente por la falta de pertenencia de la cual ellos ahora son víctimas. La cultura innata de Cartagena ha quedado estancada dentro de esas murallas para el goce de esos pocos y la arquitectura ha sido cómplice de ello. Las viviendas responden a toda la evolución prevista por la globalización. El diseño, los materiales, los mecanismos alternativos se han sabido fusionar con la arquitectura colonial cartagenera. Pero mi pregunta ahora es si entonces ¿la profesión debe dejarse llevar por ese instinto consumista y “globalizador”, o por el contrario tener una postura que respete por encima de cualquiera, la cultura y la sociedad en un territorio dado? De la misma manera como hubo resultados deficientes a lo largo de la historia, también hubo otros que vale la pena destacar por su satisfactorio impacto mundial y valor cultural que ha perdurado hasta entonces. Hablo del caso de la historia de las exposiciones universales. Su comienzo, en Londres de 1851, fue el punto de partida para la consolidación del pensamiento y el desarrollo de los países por un bien común. Esta fecha además marcó el comienzo de lo que hoy creo encarna en “la arquitectura de la globalización”.En estas muestras las naciones tenían la oportunidad de presentar a través de sus pabellones, las imágenes correspondientes a las tendencias socio-políticas imperantes en cada período. Las exposiciones universales desencadenaron una dinámica alrededor de la disputa por construir estructuras con un gran contenido simbólico, logrando que algunas de ellas perduraran hasta estos tiempos. Con el paso de los años, varios países fueron testigos del desarrollo que comenzaron a sufrir los que eran anfitriones. Por esta razón la disputa también se presentó por conseguir ser la sede que albergase a estos monumentos. Así surgieron historias que fueron fortaleciendo las sedes de las exposiciones en términos de infraestructura. Además la sociedad se vio enriquecida al tener frente a sus ojos el resultado del empeño de los países por plasmar sus costumbres y su conocimiento en un edificio. Estructuras como la Torre Eiffel o el Palacio de Cristal son tan solo unos ejemplos del alcance de una exhibición como esta. Actualmente estas dejan una marca que está estrechamente ligada con la problemática ambiental que hoy sufre el planeta. Por otro lado la gestión que se lleva a cabo desde la concepción de cualquier exposición exige un compromiso que no solo incluye a las entidades políticas sino al sentimiento de la población en general. De esta manera, la complejidad de la actividad de la arquitectura cobra sentido al entrar en la realidad de los territorios. La globalización es sin duda un mecanismo seductor para la mente del ser humano, y es por esta razón, que él mismo no se ha en cargado de ponerle límites a esta. Creo entonces, que la competitividad no debe estar medida en términos cuantitativos, pues la verdad en la ciudad trasciende los números y las cifras, que es lo único que nos puede brindar la inmediatez de la información. La arquitectura se aprehende cuando se le vive, por lo cual es imposible de sentir a distancia.
